El balance del 2022

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2022. Foto de Kelly Sikkema en Unsplash

Acabó un nuevo año y, aunque algo tarde, creo que es bueno hacer balance.

Hace poco reflexionaba, después de una reunión maratoniana de retrospectiva, de lo poderosas que son estas dinámicas para pararte a pensar. Para darte cuenta que no estás sólo con tus preocupaciones y deseos. Para dar perspectiva.

Los balances para mí, aunque en solitario, tienen el mismo efecto: darme el espacio para reflexionar y ganar perspectiva. Sobre lo malo, sobre lo bueno y sobre lo que quiero que pase de aquí en adelante.

2022 no ha sido un año fácil. Quizás por la edad que tengo ya se acabaron este tipo de años, o quizás siempre fueron difíciles pero no me paraba a pensarlo y me dedicaba más a disfrutarlos. La muerte de mi suegro, un accidente de tráfico que aún me remueve cuando pienso en él, enfermedades, la odisea que sigue siendo conciliar… También un cambio de trabajo con el que, siendo sinceros, no he encontrado lo que buscaba y con el que sigo luchando.

Pero también ha habido cosas positivas y quiero enfocarme en esto. Lo que más me ha aportado y me ha hecho feliz en este año 2022, y lo que espero del 2023.

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No te vendas, muéstrate

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Cree en ti mismo. Foto de Katrina Wright en Unsplash

Hace unas semanas terminé un proceso de transformación que me ha llevado más de 4 años. Lo hacía asistiendo a mi primer evento presencial grande, la Tarugo 22. Fue el último esfuerzo, comprar una entrada meses antes para asistir solo a un evento sin saber si iba a conocer a alguien. Y terminó con una gran recompensa personal, participando en una gran celebración, sintiéndome una pequeña parte de una comunidad muy bonita, disfrutando mucho del evento y recordando el proceso que me llevó hasta allí y de lo vivido en el camino.

Para entender esta transformación es necesario saber el origen. Soy introvertido y desde que tengo recuerdo he sido muy inseguro, con miedo a equivocarme, al rechazo, a lo que los demás puedan pensar o decir de mí. Esto me llevó durante mucho tiempo a vivir en modo T-Rex, quedándome muy quieto para que nadie pudiera verme. Pero a la vez sufría porque quería hacer cosas, estar con gente, participar, ser aceptado. Quería ser visto.

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Onboardings exitosos y catástrofes aéreas

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Pantalla de información de vuelos de un aeropuerto. Foto de Matthew Smith en Unsplash

Son casi 10 años de experiencia profesional y 7 empresas. En este tiempo han cambiado muchas cosas. Otras no. Otras se han ido reafirmando con el paso del tiempo, según las he ido repitiendo y viendo alrededor. Y una de las que tengo más presente es lo difíciles que son los primeros días en una empresa y la importancia que se le debe dar a los procesos de onboarding.

Los días más difíciles de mi vida profesional con diferencia han sido los primeros días en una empresa. Empezar de cero, sin conocer a nadie, sin referencias, sin saber qué vas a encontrar, qué vas a hacer, si acertaste o si vas a ser capaz de tener éxito. Y es algo que, al menos para mí, no mejora con los años. Cada vez me conozco más, pero una parte de quién soy es lo que los demás piensan de mí. Y volver a empezar en un lugar donde no me conocen es perderme y dudar de si volveré a ser todo lo que era o me quedaré por el camino.

A pesar de que siempre han sido muy duros, lo que sí me ha dado la experiencia es la seguridad de que estos primeros días pueden ser más o menos difíciles según la consciencia y la voluntad que ponga la empresa en el proceso de onboarding. También según la empatía de los compañeros que tengas alrededor.

En este tiempo he vivido algunos onboardings exitosos y auténticas catástrofes aéreas. También he participado, primero como compañero y más tarde como líder de equipo, invirtiendo mucho esfuerzo en mejorar estas experiencias. Por eso me gustaría aportar mi granito de arena, contando lo que he vivido y mi visión actual de los onboardings, para que entre todos les demos la importancia que merecen y podamos hacerlos cada día mejor.

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Oda a la vida media

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Amanecer en una playa con nubes. Foto de Joshua Earle en Unsplash

Este es otro de estos artículos personales que no sé si escribo más para mí o para los demás, aunque espero que haya alguien que lo lea, se pueda ver identificado y le sirva.

Lo escribo unas pocas semanas después de cumplir 35 años y unas pocas horas antes de volver a empezar de cero. En una nueva empresa, nuevo sector, nuevas tecnologías y volviendo a empezar desde abajo después de unos años liderando equipos.

Haciendo balance de lo conseguido en estos 10 años trabajando me siento muy afortunado por la carrera profesional que he llevado. Pero también me doy cuenta de que una gran parte de este tiempo he vivido en cierta forma, como diría Freddie Mercury, bajo presión. Una presión que, pensando en frío y con la experiencia, me colocaba yo a mí mismo.

Creo que he fallado al manejar las expectativas y me he dejado llevar por ideas no del todo reales. Y esto me ha llevado a esta presión algo ridícula que no me ha dejado disfrutar del momento y de los logros conseguidos.

Comienzo de nuevo con la esperanza de no cometer los mismos errores y con el objetivo de hacer lo que debí hacer desde un principio, disfrutar de la vida media.

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DRY no es (sólo) lo que piensas

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Tierra seca agrietada formando patrones. Foto de Micaela Parente en Unsplash

Seguramente DRY fuera una de los primeros principios de desarrollo de software de los que oíste hablar. Imagino que mientras programabas al lado de algún compañero copiaste y pegaste un bloque de código y éste te dijo algo así como: “¡Oye! Eso va en contra de DRY. No te repitas. Don’t Repeat Yourself!”. O viste un artículo en internet y, claro, con ese acrónimo tan pegadizo se te quedó grabado en el cerebro.

Y así venía a tu mente cada vez que veías el mismo código varias veces o tenías la tentación de copiar y pegar. Y así lo transmitiste siempre que viste una ocasión.

Así al menos fue para muchos de nosotros. Y al empezar a programar es genial tener reglas tan claras de lo que está bien y está mal, de lo que se debe y no se debe hacer. Pero según ganas conocimientos y experiencia te das cuenta de que nada es universal, correcto o incorrecto, blanco o negro. Que las líneas son difusas y que nada es tan fácil como parece, incluyendo DRY.

Hoy quiero escribir de por qué creo que DRY es mucho más de lo que habitualmente se piensa, y de que no trata de ti, no trata sobre repetir, ni siquiera se trata de código, y no siempre es “no”.

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