
Comenzar un nuevo trabajo es uno de los momentos más críticos en la vida profesional de una persona. Es un momento de especial vulnerabilidad, donde una persona decide dejar atrás todo lo que conoce y lanzarse a lo desconocido, a una nueva oportunidad lleno de expectativas e ilusiones.
Por suerte, las empresas cada vez son más conscientes de ello y dedican mucho tiempo y esfuerzo a diseñar procesos de onboarding que ayuden a las nuevas incorporaciones a integrarse en la compañía. A familiarizarse con el negocio, el trabajo y sus compañeros para facilitar este proceso y que puedan ser efectivos pronto.
Pero no todo recae en las empresas. Como individuos también debemos tomar un papel activo en esta etapa. Ser conscientes de este momento crítico y poner de nuestra parte para tener éxito.
Hace tiempo hablaba del proceso de onboarding desde el punto de vista de la empresa. Después de mucho tiempo enfocado en cuidar las incorporaciones de mis compañeros, ayudándoles en estos procesos, estas semanas me ha tocado vivir el onboarding desde el otro lado.
En este artículo me gustaría compartir mis reflexiones acerca de esta experiencia y lo que he aplicado para intentar que estas primeras semanas de trabajo vayan de la mejor manera posible.